martes, 23 de diciembre de 2014

Bertrand Russell, "Tres Pasiones"


Tres pasiones simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación.

He buscado el amor, primero, porque conduce al éxtasis, un éxtasis tan grande, que a menudo hubiera sacrificado el resto de mi existencia por unas horas de este gozo. Lo he buscado, en segundo lugar, porque alivia la soledad, esa terrible soledad en que una conciencia trémula se asoma al borde del mundo para otear el frío e insondable abismo sin vida. Lo he buscado, finalmente, porque en la unión del amor he visto, en una miniatura mística, la visión anticipada del cielo que han imaginado santos y poetas. Eso era lo que buscaba y, aunque pudiera parecer demasiado bueno para esta vida humana, esto es lo que -al fin- he hallado.

Con igual pasión he buscado el conocimiento. He deseado entender el corazón de los hombres. He deseado saber por qué brillan las estrellas. Y he tratado de aprehender el poder pitagórico en virtud del cual el número domina al flujo. Algo de esto he logrado, aunque no mucho.

El amor y el conocimiento, en la medida en que ambos eran posibles, me transportaban hacia el cielo. Pero siempre la piedad me hacia volver a la tierra. Resuena en mi corazón el eco de gritos de dolor. Niños hambrientos, víctimas torturadas por opresores, ancianos desvalidos, carga odiosa para sus hijos, y todo un mundo de soledad, pobreza y dolor convierten en una burla lo que debería ser la existencia humana. Deseo ardientemente aliviar el mal, pero no puedo, y yo también sufro.
Ésta ha sido mi vida. La he hallado digna de vivirse, y con gusto volvería a vivirla si se me ofreciese la oportunidad.


Este texto de Bertrand Russell se puede leer en su Autobiografía.

Bertrand Arthur William Russell (18 de mayo de 1872-2 de febrero de 1970). Matemático y filósofo británico, premio Nobel de literatura en 1950.
No fue un hombre centenario por muy poco, murió meses antes de cumplir los 98 años. En esos casi cien años se dedicó a llevar una vida plena: recorrió el mundo de parte a parte, escribió infinidad de libros, conoció a los personajes más relevantes de su tiempo ( jefes de estado, economistas, pensadores, escritores) fue una de las mentes más brillantes, despiertas, alabadas y también criticadas del siglo XX, y fue testigo incluso parte activa de acontecimientos que marcaron el mundo: el fin de la época victoriana, la primera guerra mundial, la recesión económica, la segunda guerra mundial, la guerra fría... si hay personajes que merecen ser conocidos no sólo por la obra que han legado a la posteridad sino también por su vida, hay pocas dudas de que Russell es uno de ellos.
Tampoco hay duda de que Russell fue un intelectual en el más amplio y profundo sentido de la palabra, su extensa obra así lo evidencia. Fue un pensador comprometido con sus ideas, lo cual lo llevó a ser considerado persona non grata en bastantes ocasiones y en bastantes lugares, en su Autobiografía el escritor habla de todo esto, sin ningún tipo de tapujo, pero también sin resentimiento. De hecho, la naturalidad con que está escrito el libro va acorde con la fluidez y agilidad de la que este pensador hizo gala durante toda su vida en sus libros, en los que manifestó su opinión sobre los más variados temas. Si algo destaca en la prosa de Russel es la lógica y sencillez con la que describe y analiza cualquier cuestión, presentándola de manera absolutamente clara para el lector.

Finalmente quiero saludar a todas las personas que visitan este blog, reciban Uds. mi agradecimiento y mis mejores deseos para el próximo año.

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