jueves, 30 de julio de 2015

La Dama del Armiño, Leonardo da Vinci

La Dama del Armiño, no siempre tuvo armiño; la renombrada obra de Leonardo da Vinci, el genio del Renacimiento, que como ya se sabe además de ser un hombre polifacético y uno de los más grandes científicos de la historia, Leonardo, oriundo del pueblo de Vinci fue un pintor excepcional, posiblemente este "exceso" de talento hizo que tratase su arte con ligereza, que rara vez acabase una pintura y que en alguna ocasión realizase arriesgados experimentos técnicos.
Una demostración de los cambios que sufrían sus obras es la Dama del Armiño, una de sus pinturas femeninas más famosas, que actualmente y gracias a nuevas tecnologías podemos saber acerca de sus modificaciones y aproximarnos a la psicología del artista.



La Dama del Armiño, también fue conocido como Retrato alegórico de Cecilia Gallerani, y se cree que fue realizada entre 1489 y 1490, en el período en que Leonardo da Vinci trabajó al servicio del duque milanés Ludovico Sforza el Moro.
En la actualidad el lienzo pertenece a la familia polaca Czartoryski, desde que el príncipe Adam Jerzy Czartoryski  la adquirió. 
La pintura a lo largo de la historia ha sido objeto de varias controversias: sobre la identidad de la retratada, sobre la autoría de la obra y sobre la identificación del animal.
Luego de que el principe adquiriera la obra, posiblemente hacia 1800 en algún lugar de Italia, su madre la princesa Izabela se ocupó del retrato, aún sin identificar a la retratada, llamó a la obra La Belle Ferronnière, posiblemente por su parecido con otra pintura de Leonardo que actualmente se encuentra en el Museo del Louvre, se estima que fue para entonces cuando se le añadió en la esquina superior izquierda la inscripción "LA BELLE FERONIERE / LEONARDO D'AWINCI".
Historiadores del arte polaco fueron los primeros en señalar que se podría tratar del retrato de Cecilia Gallerani.

Cecilia nació en Siena, en el seno de una familia que no pertenecía  a la nobleza, pero una vez que se establecieron en Milán, la joven no sólo destacó por su belleza física, también lo hizo por su inteligencia y sus dotes para el canto, la música y la poesía; con esta carta de presentación, no tardó mucho en formar parte del grupo selecto de la corte del duque Ludovico Sforza el Moro, lugar donde se encontraba Leonardo da Vinci, ya que también, era un protegido en la corte del mecenas milanés.
Cecilia gracias a su atractiva personalidad, rápidamente se convirtió en la amante oficial del duque, quien estaba comprometido en casamiento con Beatrice d'Este, hija menor del duque de Ferrara; la boda tenía fecha establecida, pero el duque milanés profundamente enamorado de Cecilia, siempre encontraba una excusa para la postergación, hasta que la familia de la prometida le exigió que cumpliera con su palabra; al momento de celebrarse la boda entre Ludovico y Beatrice, Cecilia, la Dama del Armiño, esperaba un hijo de Ludovico Sforza, este hijo nació cuatro meses después del casamiento del duque, y le pusieron por nombre Césare, la madre y el recién nacido también vivían en la corte, situación que con el paso de los meses se hizo insostenible, y las duras críticas contra el duque, le obligaron a casar a su amante con Ludovico Carminati de Brambilla, conde de Bergamino, y enviarla junto con su hijo al palacio de Carmagnola, su regalo para el pequeño Cesare.
Cecilia murió a la edad de 63 años, fue celebrada como poeta en italiano y en latín, lástima que no se han conservado testimonios de sus trabajos.
Los historiadores del arte en principio no lograban el acuerdo en cuanto a la identidad de la retratada, para algunos de ellos era indiscutible que se trataba de la amante del duque milanés, mientras que para otros, exista la posibilidad de que fuera la esposa de Luis XII de Francia, Ana de Bretaña, cuyo emblema era el armiño.
Finalmente y gracias a dos pruebas irrefutables, se sabe que fue retratada por Leonardo Da Vinci, como lo demuestra el soneto de Bernardo Bellincioni (1493), poeta de la corte, así como por la correspondencia entre Cecilia e Isabella d’Este quien en 1498 le pidió prestado su retrato pintado por Leonardo, (Isabella hermana de Beatrice Sforza).

La perfección de la pincelada, que no se deja notar ni aún acercándose, crea la ilusión de realidad, esto maravilla al poeta Bellincioni, quien le dedica un soneto.


¿A quién guardas rencor, a quién envidias, Naturaleza? 
¡A Da Vinci, que pintó una de tus estrellas!
 Cecilia, tan bella hoy es aquella
 Frente a cuyos ojos el sol parece sombra oscura.

Tuyo es el honor, aun cuando su pintura
 Nos dé a entender que escucha, y no habla.
 Piensa que cuanto más viva y hermosa aparezca
 Tanto mayor será tu dicha futura.

Dale las gracias pues a Ludovico, o bien
Al ingenio y la mano de Leonardo,
Que te permiten participar de la posteridad.

Quienes la vean, por más tiempo que haya pasado
 Dirán al verla viva: así nos basta
 Para entender qué es arte y qué es naturaleza. 


El duque Ludovico Sforza el Moro, encagó el retrato de Cecilia, su favorita, a Leonardo da Vinci, quien formaba parte de la corte, lugar donde se desempeñaba en tareas varias.
Si bien las dudas respecto a la identidad de la retratada y el autor de la obra fueron con el tiempo borrándose gracias a los trabajos de investigación  llevados a cabo por estudiosos de la obra y fundamentalmente por los dos historiadores del arte polacos J. Mycielsky (1893) y J. Boloz-Antoniewicz (1900); también fue objeto de controversia el pequeño y blanco animal que Cecilia lleva en sus brazos y que le da nombre a la pintura; se sabe por sus características que pertenece a los mustélidos, pero no todos pensaban que se tratara de un armiño, se barajaron las posibilidades de que fuera una comadreja (algo improbable puesto que no se pueden domesticar), una garduña o un hurón albino, pero dejando de lado la identificación del animal se concuerda en pensar que la obra tiene una significación alegórica ya que el armiño puede identificarse con el duque, puesto que Ludovico Sforza era conocido por su sobrenombre  de Ermellino (armiño en italiano) y el apellido de Cecilia, coincide en forma parcial con el nombre de este animal en griego (galle), por lo que la presencia del mismo en el cuadro cobraría sentido, también se sabe que el armiño representaba la pureza, y además ya  había aparecido en un grabado de Leonardo que era un proyecto de medalla para Ludovico, también se le veía en los emblemas de los miembros de la Orden del Armiño, a la cual pertenecía el duque.
Actualmente se sabe que no siempre el armiño estuvo acompañando a Cecilia, gracias al empleo de la técnica del ingeniero francés Pascal Cotte, conocida con el nombre de Método de Ampliación de Capas (LAM), una técnica que implica la utilización de una cámara inventada por el ingeniero y única en el mundo, gracias a su definición de 240 megapixeles, permite descomponer el espectro de la luz a tres niveles de profundidad de la capa de la pintura, de los rayos ultravioletas a los infrarrojos, desde lo visible hasta lo invisible. Así, se pela la pintura, en capas, como si fuera una cebolla, de manera de saber lo que se hizo antes sobre el lienzo.
De esta forma, Cotte descubrió que fueron dos las versiones previas a la Dama del Armiño, la primera no tenía el animal, la segunda tenía cambios en el vestido de Cecilia y agregaba un armiño más pequeño que el definitivo y de color oscuro.



La Dama del Armiño uno de los tres retratos femeninos más famosos de Leonardo Da Vinci, tiene más de cinco siglos, fue pintado antes de que Colón descubriera América, y si tenemos en cuenta el contexto en el que fue realizado, la significación que tiene la obra es remarcable por su carácter innovador.
Leonardo adoptó la perspectiva de medio perfil, mostrando gran parte del torso de la modelo, el giro de la cabeza en sentido opuesto a su cuerpo, le otorga movimiento al retrato, algo que no había estado presente en sus obras anteriores; el empleo de la luz fue concentrado, dirigido desde arriba hacia la modelo y el pequeño animal, hecho que reforzaba su teoría de que las figuras iluminadas con luz concentrada, adquieren mayor relieve y fuerza que aquellas que se trabajaban con luz difusa, es así como el color presenta los grados de intensidad de la luz, hasta transformarse en casi pardo o inconcluso en el fondo y costado izquierdo del lienzo. El rostro, la mano de la modelo y el armiño se ven beneficiados por una importante fuente de luz proveniente del costado derecho. Leonardo utilizaba la luz como nunca nadie lo había hecho hasta ese momento, logrando que la figura tuviera relieve en la superficie plana del cuadro; seguramente ese efecto habría sido más intenso, antes de que se modificara el fondo original de la Dama del Armiño, actualmente falta el clásico sfumato, (técnica creada por el pintor), un paisaje poco definido, desde donde  la modelo surgía con mayor intensidad. Entre otras de las modificaciones que sufrió la pintura, se sabe que sobre el costado derecho, había una ventana.

A las transformaciones del retrato, a las controversias en cuanto a la identificación de la retratada y la autoría del mismo, también se añaden las peripecias sufridas por el cuadro.
Después de la muerte de Cecilia Gallerani, se carece de información con respecto a su retrato por varios siglos, se especula que de Italia fue a Francia, hasta la revolución francesa, momento en que regresa nuevamente a algún lugar de Italia, hasta que fue adquirido por el príncipe polaco  Adam Jerzy Czartoryski , hacia 1800, reapareciendo en Polonia, donde estuvo expuesto en la Casa Gótica de Puławy hasta la insurrección contra Rusia (1830), antes de que Polonia fuera invadida por las tropas zaristas, la Dama del Armiño y un valioso grupo de obras de arte, fueron trasladados a París, siendo custodiado en el Hôtel Lambert de la isla de San Luis, residencia de la familia Czartoryski durante su exilio.  La guerra entre Francia y Prusia y la Comuna de París (1870-1871) obligaron al príncipe Władysław Czartoryski (nieto de Izabela), a sacar la colección de París y llevarla nuevamente a Polonia. En 1876 se abrió en Cracovia, que entonces pertenecía a Austria, el Museo Czartoryski, en el que el cuadro ocupaba un lugar de honor. Protegido durante la I Guerra Mundial en la Gemäldegalerie de Dresde, volvió a Cracovia en 1920. En los primeros días de la II Guerra Mundial fue confiscado por los nazis; al igual que los cuadros de Rafael y Rembrandt, que estaban destinados al proyectado museo de Adolf Hitler en Linz.
Acabada la guerra algunos de los cuadros fueron devueltos, la Dama del Armiño regresó a Cracovia, al
Castillo Real de Wawel.



En la actualidad la Dama del Armiño es el tesoro más preciado del museo Czartoryski de Cracovia, donde se la puede admirar junto a otras valiosas obras de arte.
En el año 2014, por motivos de restauración del museo, el retrato fue exhibido en el Real Castillo de Wawel.
El castillo y la colina de Wawel, constituyen el lugar histórico y cultural más importante de Polonia.




Particularmente, pienso que no hay mejor marco que el castillo, para la exposición de tan bello retrato; entre esos muros plenos de historia, de encuentros y desencuentros, de amores y de odios, donde la ecléctica arquitectura logra milagrosamente una fusión conmovedora, donde el ríoVístula  y un dragón que vive en los ramparts de la colina, le sirven de custodios, la Dama del Armiño se luce sin par.
Sin dudar, puedo decir que el castillo es el sitio ideal para apreciar a una de las tres bellas mujeres de Leonardo.
Los tres grandes retratos femeninos del maestro del Renacimiento, desprenden una nostalgia secreta. Esta cualidad resulta enigmática en la Mona Lisa, profunda en Ginevra de' Benci pero absolutamente atrayente en Cecilia Gallerani, la Dama del Armiño.



El Dragón de Wawel

Por cierto, el dragón tiene su leyenda y la cueva donde supuestamente vivía la bestia, fue nombrada la Cueva del Dragón, está emplazada en uno de los terraplenes de la colina, y en la puerta de entrada a la misma, colocaron la escultura de un dragón, la cual lanza fuego por la boca cada cinco minutos o cuando se envia un SMS con el texto SMOK.





Bibliografía:
Patrimonios Nacionales.es
Conservador del Museo Nacional de Cracovia, Janusz Walek
Le Grand Guide de l'Art, Jacques Anquetil
Historia de la Pintura, Wendy Beckett
Wikipedia
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