martes, 30 de junio de 2015

Frida Kalho/Diego Rivera, una pareja revolucionaria

Fue en el mes de enero del año 1998, cuando la Fundación Pierre Gianadda con motivo de celebrar su vigésimo aniversario, eligió presentar una muestra doble de la pareja Rivera/Kahlo.
Hasta esa fecha, los dos pintores, figuras legendarias del México posrevolucionario, no habían aún expuesto en Suiza. Ese evento fue comentado por Viviane Cretton, siendo su punto de vista una invitación a pensar en la participación política de los dos pintores y la influencia de la misma en sus respectivas obras.
En México las obras de los dos artistas han sido clasificadas como "tesoros nacionales", son el testimonio de una pareja comprometida políticamente y artísticamente, Frida y Diego unidos por un mismo combate, el de la defensa de la cultura mexicana y amerindia, muestran con sus obras un aspecto particular de la pintura del siglo XX, un aspecto ligado al pensamiento de dos pintores militantes cuyas convicciones humanísticas siguen vivas aún hoy.


Un México en revolución

Diego Rivera y Frida Kahlo nacieron bajo la dictadura de Porfirio Díaz. En 1910, y luego de que Díaz fuera destituido por una revuelta indígena al mando de Emiliano Zapata, Diego Rivera se embarca para Europa, lugar donde permanecerá durante los diez años de la revolución; Frida Kahlo, tiene tres años. Más tarde Ella cambiará su fecha de nacimiento, para afirmar que nació en 1910; una manera de presentarse, como Ella misma se consideraba, una digna hija de la revolución.

La Reconstrucción

En 1921, Rivera regresa a México, y se integra al programa cultural de José Vasconcelos, ministro bajo la presidencia de Alvaro Obregón (1920-1924). Después de diez años de guerra civil, Vasconcelos buscaba un nuevo modo de expresión artística. Firmemente decidido a sostener a la población indígena en sus aspiraciones de igualdad social y racial, el ministro pone manos a la obra en un vasto proyecto de pinturas murales que debían reflejar sus ideales políticos.
Rivera concibe de esa forma la idea de un arte al servicio del pueblo, que por intermedio de los murales contará su propia historia.

La Represión

Bajo la presidencia de Elías Calles, de 1924 a 1928, la situación de los muralistas no cesa de deteriorarse y un gran número de entre ellos no obtienen más trabajos. Los años siguientes (gobiernos interinos) fueron marcados por la represión contra los disidentes políticos. El partido comunista mexicano (PCM) fue proscripto y numerosos comunistas, entre ellos, el muralista Alfaro Siqueiros fueron encarcelados.
Diego y Frida para esa época ya estaban casados y militaban activamente, por razones económicas y de seguridad deciden partir hacia Estados Unidos.

La Repartición

En 1934, Lázaro Cárdenas fue elegido presidente, inaugurando una política más liberal; con la reforma agraria lanzada por su gobierno, el país vio por primera vez después de la revolución, una repartición de tierras, que marchaban en el sentido de las ideas de Zapata.
Es justamente en esa época, cuando la pareja de Kahlo Rivera intervienen en favor del asilo político de Trotsky, a través del presidente Lázaro Cárdenas, quien autorizó la demanda.

La Liberalización

Bajo la presidencia de Miguel Aleman (1946-1950), México se aproxima claramente al capitalismo occidental, la metodología tradicional es puesta en tela de juicio en favor de los valores norteamericanos, pese a esa situación la pareja Kahlo-Rivera continua sosteniendo el sentimiento de respeto por la mexicanidad y persiste en la oposición al partido gubernamental. Ambos fueron expulsados del PCM, siendo reintegrados, primero Frida en 1949 y luego Diego en 1954.

Diego Rivera (1886-1957)

Desfile del 1° de Mayo en Moscú 1956

Pintor humanista comprometido, siempre atento a los reclamos de los paisanos indígenas como a los de los obreros de las fábricas.
Diego Rivera es fundamentalmente conocido por su trabajo de murales, una obra gigantesca, asociada a menudo con el "realismo socialista", pero, que por cierto, no representa en total dimensión al artista, ya que la estética y el estilo de Rivera se fundamentan también en los conocimientos de los frescos renacentistas italianos, en el arte clásico, en la escultura precolonial, en la noción de espacio de los cubistas, y en la traducción del movimiento de los futuristas; notables y variadas influencias que no se reducen al simple carácter social de su obra, como lo demuestran sus pinturas de caballete, desde las primeras naturalezas muertas cubistas, al "atelier del pintor", pasando por las bañistas indígenas y los retratos burgueses, obras que nos remiten a Juan Gris, a la vanguardia española, como así también a Velásquez, Ingres  y Cézanne.
Decía Diego Rivera: "En todas y cada una de las cosas que veo, descubro una obra de arte en potencia, la muchedumbre, los mercados, los festejos, los batallones que desfilan,  los trabajadores en las fábricas y en los campos. Cada cara resplandeciente, cada niño, es arte".

Cabeza de mujer bretona 1910

El pintor, el escultor y el arquitecto

El reparto de tierras 1924

El trapiche 1923


A su regreso a México en 1921, Rivera se sumerge en lo que él mismo llama "una alegría estética indescriptible". Luego de diez años transcurridos en Europa, las dudas que lo habían torturado, se diluyen, para dar paso a la reconquista de su propia identidad, a las fuentes de su indigenismo. Es justamente este sentimiento el que une fuertemente a Diego y a Frida, esa búsqueda en la realidad indígena de los temas profundos de la cultura mexicana. Una reconquista que tiene un carácter monumental en lo que respecta a la creación del "Anahuacalli", esta construcción museo diseñada por Rivera y fruto de la inspiración en la estructura de las pirámides aztecas, tenía como principal destino, albergar su vasta colección de piezas precolombinas, una de las más grandes del país, piezas que fue recolectando desde su regreso de Europa.

El estudio del pintor 1954


Después de la realización de la obra "el estudio del pintor" en 1954, Rivera incrementa su prestigio artístico y el estudio se afirma como lugar de trabajo, los pedidos de retratos son cada vez más numerosos y es justamente este periodo uno de los más sorprendentes del artista, Rivera, el comunista convencido que fue reconocido por los estratos sociales más encumbrados, no solamente apreciado por los coleccionistas americanos que compraban sus pinturas de niños mexicanos,sino también por los mexicanos de fortuna quienes encargaban los retratos de sus mujeres y de sus niños.

Doña Elena Flores de Carrillo
Natasha Zakólkowa Gelman

Lupe Marín

Todas estas obras son un testimonio de las diferentes clases sociales mexicanas y hacen de Diego Rivera un artista en revolución, quien supo a través de sus obras reivindicar su propia mexicanidad.

Frida Kahlo (1907-1954)

La columna rota 1944


Durante sus años de vida, su cuerpo quebrado fue el doloroso destino que enfrentó Frida Kahlo, de la polio que la golpeó con sólo 13 años a la neumonía que le arrebató la vida a la temprana edad de 47 años, su destino  fue un combate comprometido contra el sufrimiento.
El dolor surge violentamente en 1925 (aún no tenía 18 años) luego de ser víctima de un accidente de tranvía, donde una lámina de acero de ese transporte atravesó su  vientre desde el costado derecho hasta su vagina, y en cuanto al resto de su cuerpo, todo era fracturas y lastimaduras.
Cuando comienza a pintar en la etapa de convalecencia, ella sabe que la pintura será la posibilidad de sobrevivir; también para engañar su hastío se sume en la lectura, lee las novelas de Juan Gabriel Borkman, la poesía de Elías Nandino o bien los artículos traducidos de Alexandre Kerenski sobre la revolución rusa. El ex dirigente de las fuerzas de insurrección, eliminado por Lenin, acaba de llegar a Estados Unidos y su testimonio de la revolución dista de avenirse con los ideales comunistas. Sin embargo en 1928, Frida entra en un pequeño grupo de intelectuales simpatizantes de los comunistas; está Julio Antonio Mella, refugiado cubano, y el pintor mexicano Javier Guerrero, amante oficial de la fotógrafa italiana Tina Modotti. Tina es militante, joven, de una belleza romántica que fascina a Frida; había sido expulsada de país en país, encontrando un puerto de salvación en la ciudad de México.
Gracias a la revolución, México desempeña el papel de protector y resguardo de refugiados políticos en esa región del mundo. "Un verdadero hogar abierto y acogedor para todos los latinoamericanos", según lo señala el historiador Daniel Cosío Villegas.

Balada de la revolución proletaria: Diego Rivera


Diego y Frida entran en sus vidas respectivamente a través de la pintura y de sus ideales políticos. En la obra "Balada de la revolución proletaria", pintada en las paredes del tercer piso de la Secretaría de Educación, a petición de Vasconcelos, Diego presenta a Frida en el centro de la composición, vestida con camisa roja, distribuyendo fusiles y bayonetas a los obreros comunistas, al lado de Tina Modotti y Julio Antonio Mella. Y ya Frida y Diego se enfrentan, como lo harán a lo largo de su vida amorosa, Diego se burla de Frida y le dice que tiene cara de perro, y Frida, sin inmutarse, le replica: "¡Y tú tienes cara de rana!"; el amor a comenzado ya.
La obra de Kahlo una verdadera expresión de su interior, exorciza su dolor con una violencia que aún hoy, sigue sorprendiendo; la pintora se permitió el lujo, dada su condición de mujer, de expresar sin máscaras la visión de la vida y de la muerte, con sangre, ese líquido tan próximo a la vida cotidiana de las mujeres y proscripto por el arte y por la sociedad.

Mi nana y yo (1937)

Unos cuantos piquetitos (1935)

Hospital Henry Ford o cama voladora (1932)

Raíces en el suelo rocalloso (1943)


Eli Boutra analiza claramente la pintura de Kahlo como "un ataque irreverente a los valores y a las ideologías dominantes"; un ataque que dimensiona su verdadera fuerza cuando se lo ubica en el contexto de la sociedad mexicana de la época, y que aún más hace de Frida una mujer pintora en contra de las normas estéticas de su tiempo. Sarah M. Lowe explica en el prefacio del libro "El diario de Frida", que las representaciones de nacimientos, de abortos, los autoretratos híbridos, los fluidos y el interior del cuerpo humano, eran cosas muy poco comunes en el arte occidental.
Y es justamente en esa necesidad de contrariar las ideas dominantes, que la obra de Frida y la de Diego se encuentran. En ese gran combate contra la opresión y por la liberación.
Cuando André Bretón busca unirla al movimiento surrealista, Frida rechaza esa etiqueta y de esa manera se niega el acceso a las facilidades de una finalidad política o estética; Ella hace de su arte un proyecto único y personal: un medio para decir no a la opresión de sus sufrimientos, y un acto de liberación.

El funeral de Frida Kahlo, fotógrafo Héctor García


Los últimos momentos de Diego al lado de Frida son a la vez terribles y extraños, como todo lo que tiene que ver con la muerte en México. En la orgullosa decoración del Palacio de Bellas Artes estalla la música de los corridos, al tiempo que la muchedumbre se apiña en torno a Diego y a Lázaro Cárdenas. El viejo pintor tiene el rostro abotagado por el dolor y es indiferente a cuanto le rodea. Acompañó el cuerpo de Frida hasta el momento final, hasta el horno crematorio, donde todos se afanan por ver por última vez el rostro de la "niña", (Diego la llamaba, la niña de mis ojos), Siqueiros cuenta que las llamas rodearon el rostro de Frida dibujando grandes girasoles, como si Ella quisiera pintar su último retrato.
Diego permaneció fundido en su tristeza, todos los testigos están acordes en afirmar que la desaparición de Frida fue para él, el comienzo de la vejez.
Su vida, su arte y sus ideales continuaron algunos pocos años más. El 25 de junio de 1957, es unido al espíritu de Frida, repondiendo al pedido del pintor Miguel Pantoja, dirige a los artistas y a todos los hombres de la cultura del mundo, una súplica por la paz, para detener la proliferación de las pruebas de las armas nucleares, esa amenaza que las superpotencias del Este y el Oeste hacen pesar sobre las naciones más débiles que, dice: "tienen el mismo derecho a vivir que las demás". En su llamado es la voz de Frida la que vibra y se indigna, para preservar la frágil belleza de la vida.
"Así elevo mi voz insignificante lo más alto que puedo para llamar a todos los que viven para el amor y para la sensibilidad humana, que actúan por la belleza, ese alimento indispensable de la vida superior. Para gritar, exigir, hacer de manera que todos los hombres griten y exijan y obtengan la detención inmediata de las pruebas de bombas atómicas, al menos durante los tres próximos años.
De esta manera, daremos a los hombres tiempo para que recobren la razón y lleguen, de acuerdo con el mundo entero, a una prohibición total de la fabricación y utilización de armas termonucleares de destrucción colectiva de la humanidad."
Tres años y cuatro meses después de Frida, el 24 de noviembre de 1957, Diego muere de una embolia cerebral en su taller de San Ángel.

El arte y la revolución son puntos en común entre estos dos seres que exploraron todas las formas de la sinrazón. Frida es, para Diego, una mujer dotada de la magia que vislumbró en su nodriza india y, para Frida, Diego es el niño todopoderoso que no pudo llevar en su vientre. Forman, pues, una pareja indestructible, mítica, tan perfecta y contradictoria como la dualidad mexicana primordial: OMETECUHTLI y OMECIHUATL.

Fuentes: Editorial de Viviane Cretton, Fondation Pierre Gianadda, Martgny Suisse
              Jean-Marie Gustave Le Clézio, Diego y Frida

La cara de Tonatiuh en el calendario azteca es la cara de Ometecuhtli-Omecihuatl, señor y señora de la dualidad, dios de la vida, del amor y de la generación.
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