sábado, 7 de febrero de 2015

El jardín secreto, en un techo de París

Decía Julio Cortázar en su novela Rayuela : "Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico"

La Maga ya no está, tampoco su gran amor Oliveira, sólo quedan las letras que forman las frases que cuentan su historia de amor, pero sabemos que las letras, las frases y las historias de amor nunca se agotaran, se repetirán in eternum sobre el cuerpo y las vivencias de los enamorados, con la dulce cadencia de la llovizna, la profunda caricia de la lluvia o el arrebatador torbellino de un diluvio.

Soñar con sus palabras, —las de la Maga y Oliveira escritas por Julio Cortázar en Rayuela—, e imaginar su rítmico desenfreno sensual, me llevan a construir pequeños mundos paralelos que son en esencia, imitación de esas palabras envolventes en las cuales la piel y los sentidos conforman un universo, donde el deseo de unos amantes imaginarios, toma forma para expresar el apasionamiento de un amor nocturno y estival, nacido en un secreto jardín parisino... "le jardin sur le toit".
Le Jardín sur le Toit
 Este amor que sentimos viste con alas nuestra imaginación, son alas etéreas, translúcidas, livianas pero increíblemente poderosas cuando remontamos vuelo en busca de la pasión; eso lo saben los dos querubines que franquean la pequeña escalinata de nuestro jardín sobre un techo parisino, lo saben y nos envidian, porque desde su estatismo pseudo-glorioso, desde su mueca de alegría y superioridad han sentido el peso de sus alas cuando nuestros besos poderosos, como ese beso de Chagall a Bella nos permiten flotar entre las rosas, camelias, manzanos, naranjos y perales de nuestro Edén particular.
Abrázame amor, piérdete en mi pelo y yo lo haré en tu pecho, juguemos a descifrar nuestros aromas, nuestros olores, fusionados con el perfume de las últimas rosas blancas del estio y de las escasas peras y manzanas que se resisten a caer de sus árboles. Bésame amor mio, embriágate con mi aroma de mujer, de hembra deseosa de tu cuerpo, ríndete ante  mi boca, que ansiosa espera a la tuya, palpita mi entrega en un beso, que es la  antesala de mi rendición total, siente vida mía, nuestras lenguas unidas en una sola caricia, que dibuja mimos y roces que nuestros cuerpos sedientos de placer y amor recibirán, trágame amor, bébeme en exceso, quiero que los ángeles se derritan de envidia o echen a volar henchidos de placer.
Ven amor mío, caminemos abrazados entre las plantas de nuestro idílico jardín, acerquémonos al vigilante caballo y a su orgulloso jinete, y junto a ellos, en ese vértice que señala el límite de nuestro universo, apoyados contra las columnas de la baranda, permite que mi cara mire la luna, mientras tu cuerpo de hombre marca su presencia en el mío, apriétame mi cielo, y vuelve a besarme, con un beso azul, un beso monocromo, un beso que nos funde y nos transforma en cielo, en ese trozo de firmamento donde la luna quisiera estar.

Volvamos a perdernos entre las hojas, los pétalos y los frutos de nuestro paraíso, quiero llevarte debajo del manzano, quiero ser tu venus sumisa, quiero regalarte la mejor de mis caricias, esa que ambos siempre deseamos, esa caricia que como premio tiene la esencia de tu amor.
 Siénteme, siente con todos tus sentidos, mírame radiante de lujuria, acaricia mis cabellos y mi piel, vibra con mis mimos, -amor te estoy amando-, relájate en este hermoso banco, mientras tu Venus de rodillas te venera, dame todo lo tuyo que es mío, dámelo amor y piérdete en mí, te quiero mío!, aquí entre las rosas y bajo este cielo plomizo de París. -Soy tuya amor-, mientras percibo tu ser, lo soy, también, en cada una de todas las palabras que te dedico, recibe un beso Chagall, ese que nos hace volar, ese, que gracias al amor permite que los amantes despeguen los pies de la tierra.
Entre vicios y virtudes, tengo más de los primeros y entre esos, el amor por garabatear.
Publicar un comentario

Archivo del blog