domingo, 13 de abril de 2014

Julio Cortázar y Alejandra Pizarnik

 La poeta Alejandra Pizarnik y el escritor Julio Cortázar, ambos argentinos, se encontraron por primera vez en París, en los años sesenta.
De la admiración que cada uno de Ellos tenía por el otro nació una gran amistad que duraría hasta la temprana y trágica muerte de Alejandra.







 Luego de la publicación de Rayuela, la novela de Cortázar, entre los amigos y escritores conocidos de Alejandra, se creía que el personaje femenino de dicha obra, la Maga, estaba inspirado en  la poetiza, pero una carta que Cortázar escribió a su amiga Ana María Barrenechea deja en claro que la obra estaba escrita antes del primer encuentro de los dos escritores.

Decir que Alejandra estaba enamora de Julio sería tratar de ir más allá de las pruebas evidentes, sólo sabemos de sus afinidades literarias y de su gran vocación de escritores para nada convencional.
Hay detalles que siempre nos dejarán meditando acerca del carácter de la amistad que los unía, por ejemplo unas palabras escritas por Alejandra al reverso de una foto suya y dirigida a Cortázar.



Abril, 1970

a Julio
para que no nos
coman los búfalos
del silencio ni "las
medusas del olvido".
Espero inmensa foto
tuya para mí sola.
(Esta es una de 
mis caras secretas)

Love
Alejandra



También  en el libro "Cortázar de la A a la Z " se reproduce una carta que Julio dirigió a Alejandra y donde le adjunta un mechón de sus cabellos.
Por otra parte Julio sabía como la mayoría de las personas que rodeaban a Pizarnik, de las complicaciones y vaivenes emocionales que la acompañaron casi toda su corta y dificil vida; fue justamente por esa razón que el escritor argentino le escribe la siguiente carta.


París, 9 de septiembre de 1971.
Carta de Julio Cortázar a Alejandra Pizarnik.
Mi querida, tu carta de julio me llega en septiembre, espero que entre tanto estés ya de regreso en tu casa. Hemos compartido hospitales, aunque por motivos diferentes; la mía es harto banal, un accidente de auto que estuvo a punto de. Pero vos, vos, ¿te das realmente cuenta de todo lo que me escribís? Sí, desde luego te das cuenta, y sin embargo no te acepto así, no te quiero así, yo te quiero viva, burra, y date cuenta que te estoy hablando del lenguaje mismo del cariño y la confianza –y todo eso, carajo, está del lado de la vida y no de la muerte. Quiero otra carta tuya, pronto, una carta tuya. Eso otro es también vos, lo sé, pero no es todo y demás no es lo mejor de vos. Salir por esa puerta es falso en tu caso, lo siento como si se tratara de mí mismo. El poder poético es tuyo, lo sabés, lo sabemos todos los que te leemos; y ya no vivimos los tiempos en que ese poder era el antagonista frente a la vida, y ésta el verdugo del poeta. Los verdugos, hoy, matan otra cosa que poetas, ya no queda ni siquiera ese privilegio imperial, queridísima. Yo te reclamo, no humildad, no obsecuencia, sino enlace con esto que nos envuelve a todos, llámale la luz o César Vallejo o el cine japonés: un pulso sobre la tierra, alegre o triste, pero no un silencio de renuncia voluntaria. Sólo te acepto viva, sólo te quiero Alejandra.
Escribíme, coño, y perdoná el tono, pero con qué ganas te bajaría el slip (¿rosa o verde?) para darte una paliza de esas que dicen te quiero a cada chicotazo.

Julio.


Alejandra a pesar del dificil panorama personal, se abrió camino en el mundo de la literatura ganándose un lugar destacado gracias a la valía de su obra poética; Flora Pizarnik, como era su verdadero nombre, tenía 36 años cuando finalmente y después de varios intentos, termina con su vida el 25 de septiembre de 1972.







Después de su muerte, Julio le dedica dos poemas, uno algo extenso: "Aquí Alejandra" y el siguiente que dice así:

Puesto que el Hades no existe,
seguramente estás allí,
último hotel, último sueño,
pasajera obstinada de la ausencia.
Sin equipajes ni papeles,
dando por óbolo un cuaderno
o un lápiz de color.
-Acéptalos, barquero: nadie pagó más caro
el ingreso a los Grandes Transparentes,
al jardín donde Alicia la esperaba.
Bicho aquí.
aquí contra esto,
pegada a las palabras
te reclamo.
Ya es la noche, vení.


Saber si Alejandra estaba enamorada de Julio, fue algo que inquietó a algunas personas, sobretodo por el hecho de que el escritor recibiera junto con algunas cartas de la poeta, también una foto de Ella desnuda tomando sol en una playa.
Alejandra se fue de este mundo deseando y esperando la llegada del amor.


Poema II

No importa si cuando llama el amor
yo estoy muerta.
Vendré.
Siempre vendré
si alguna vez
llama el amor.

Alejandra Pizarnik



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