domingo, 11 de julio de 2010

Mona Lisa










¿Porqué hablamos tanto de ti? ¿verdaderamente queremos saber quién eres? ¿o sólo pretendemos hablar con la mirada?
¿Cómo llamarte? ¿Sra Gherardini? ¿Madonna Lisa? o simplemente MONA LISA, esto es lo más apropiado, eres una dama y tu nombre es Lisa, eres tan paradojicamente contemporanea que sería desacertado llamarte por el nombre del rico florentino quien fuera tu marido, Francesco del Giocondo, gracias a El, que encargó tu retrato a Leonardo hoy eres un ícono, o posiblemente se deba a la inconstancia del maestro, quien nunca lo terminó trasladándole con El hasta su muerte, desde aquellos tiempos moras en Paris ¿qué otra ciudad podría ser más digna de ti?.
Hoy creemos saber que tu sonrisa es para tu segundo hijo, nacido poco tiempo antes del retrato; al menos eso es lo que dice el velo que cubre tu cuerpo, muy a la usanza del siglo XVI y que sorprendentemente sólo los rayos de la modernidad lograron ver.
Nuevos detalles que no aumentarán ni disminuirán tu magnetismo, ¿o acaso importaron tu imagen andrógina, tu rostro sin cejas, tus labios demasiados finos, la falta de elegancia de tu cuello y la mezquindad de tu cabellera?; el hechizo siempre estuvo y estará. En su momento y hace tiempo Giorgio Vasari dijo: "La boca unida a los tonos carnosos del rostro por el rojo de los labios parecía como viva antes que pintura...fijando la mirada en la garganta podría jurarse que latía el pulso..."
Son sin duda tus ojos, ventanas del alma!!! los que nos muestran tus sentimientos y certezas, invitándonos a ver todo aquello que demuestra que el alma está contenta de estar en su prisión.
Mona Lisa, ojalá como tú aprendiéramos a encantar con la mirada, mostrando la verdad de nuestro espíritu y desvaneciendo lo superfluo de lo físico.
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