viernes, 25 de marzo de 2011

Baudelaire/Manet


Vestida de Joyas (Charles Baudelaire)


Mi muy amada estaba desnuda, y conociendo mi corazón,
sólo había conservado sus joyas más sonoras,
cuyo rico boato le daba el aire triunfante
que tienen en sus días dichosos las esclavas moras

Cuando produce danzando su ruido vivo y burlón,
este mundo radiante de metal y de piedra
me arrebata en éxtasis, y yo amo con furor
las cosas donde el sonido se mescla con la luz.

Estaba tendida y se dejaba amar,
y de lo alto del diván sonreía de gozo
a mi amor profundo y dulce como el mar,
que hacia ella subía como hacia su acantilado.

Fijos en mí sus ojos, como un tigre amansado,
Con aire soñador ensayaba posturas,
y el candor añadido a la lubricidad
nueva gracia agregaba a su metamorfosis;

Y sus brazos y piernas, sus muslos y sus flancos
pulidos como el óleo, como el cisne ondulantes,
pasaban por mis ojos lúcidos y serenos;
y su vientre y sus senos, racimos de mi viña.

Avanzaban tan cálidos como Angeles del mal,
para turbar la paz en que mi alma estaba,
y para separarla del peñón de cristal
donde se había instalado solitaria y tranquila.

Y creí ver unidos en un nuevo diseño
-tanto hacía su talle resaltar a la pelvis-
las caderas de Antíope al busto de un efebo,
¡Soberbio era el afeite sobre su oscura tez!

-Y habiéndose la lámpara resignado a morir,
como tan sólo el fuego iluminaba el cuarto,
cada vez que exhalaba un destello flamígero,
inundaba de sangre su piel color de ámbar.


Olympia (Edouard Manet, 1863)
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